Palabras para mis maestros


Pocas son los días que se marcan en el calendario mexicano que de verdad llaman mi atención. El 15 de mayo es uno e ellos y es que recordar a aquellos que han sido fundamentales en uestra formación es siempre una forma de homenaje digna, silenciosa, pero igual notoria, así como lo es la profesión a la que se homenajea.
Recordamos siempre a nuestros maestros más incendiarios, a los que, con base en pensamiento, palabras y sus necesarios toques de habilidad escénica eran capaces de transportarnos a un lugar que ya no es, a una página que se transforma apenas hemos concluido su lectura, a una ecuación convertida en un verso puesto en las complejidades del universo.
Lo dijo muy bien mi buen amigo Juan Manuel Vázquez: un buen profesor es, por encima de todo, un gran provocador. Un buen profesor no es el que quiere educar, sino el que busca generar en quienes le escuchan un instante, un encuentro con aquello que resulta innombrable, pero, por ello, vital. Y con ello, el gran maestro sabe desfilar discreto y silencioso entre alumnos que, en ocasiones olvidarán su nombre, pero que recordarán aunque sea un breve despertar desde el aula que cobra nuevo cuerpo en la formación posterior.
Hoy se hace más necesaria esta breve forma de homenaje puesto que algunos de los que fueron mis maestros han dejado este mundo, pero no sin dejar huella imborrable: Bolívar Echeverría y Alí Chumacero fueron, incluso mucho antes de conocerlos en persona, parte fundamental de mi formación. Con el primero tomé un par de asignaturas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Era impresionante su fuerza, intensidad, su capacidad de hacer que nuestra mente hiciera al menos el esfuerzo de funcionar. Alí Chumacero fue de esos maestro que curiosamente nunca están en las tiras de materias. Solía recibirme en la sala de su casa y charlar conmigo por horas de libros, de experiencias con autores que él vio formarse, anécdotas de cantina (de él aprendí, por ejemplo, los dos propósitos por los que el hombre inventó el alcohol: "amenizar una plática y que los feos cojan"), vaya, hasta se atrevió a leer mis poemas y hacerme comentarios acerca de ellos. Valiente el hombre.
Y están también aquellos maestros que no sólo me comparten aún el mundo, sino que hoy con orgullo llamo amigos: Vicente Quirarte, Alberto Constante, Víctor Gerardo Rivas, Josep María Esquirol, Alberto Chimal, Ernesto Priani, Silvana Rabínovich, Eduardo Ruiz Saviñón, Gabriel Pingarrón, Ramón Xirau, Lauro Zavala, Ricardo Hornefer, ´Oscar Blancarte, Elena de Haro, Juan Stack.
La lista podría seguir y seguir pues hay profesores a los que tuve el gusto de conocer en cursos breves u otras formas de encuentro y están también aquellos que primero fueron mis alumnos o colegas y que hoy son parte de la familia de elección y de quienes también he aprendido mucho...
Hay maestros a los que nunca vimos, no en persona, pero que también nos llenan de enseñanza. Algunos también nos han dejado en estos días, Ernesto Sábato, por ejemplo, en mi caso, es aún hoy en día pieza clave en mi formación intelectual y sentimental. Otros siguen por ahí, sin saber de mí ni de ninguno de los que los admiramos, pero con su presencia indudable en cada una de las páginas, de las notas o de las imágenes en pantalla que nos causan terremotos epidérmicos.
Para todos ellos son estas líneas, sí cursis, sí llenas de sentimiento, pero sobre todo de sinceridad.
Agradezco toda su enseñanza. Son ustedes los que prueban una verdad que aprendí de voz de Gerardo Rivas: "La filosofía sí, es la madre de todas las ciencias, es la gran forma del pensamiento de occidente, pero, por encima de todo, la filosofía es vida y si no llevamos la filosofía a la vida, no sirve para nada".
Formalmente, no todos me diero clases de filosofía, per sí me demostraron lo que es una vida transformada en filosofía...
Hola.
ResponderEliminarYo también quisiera darle las gracias a esos profesores suyos que lo han formado por que ahora tengo un profesor que me da un aprendizaje amplio y tiene mucho que compartirnos a lo largo de este semestre.