Siempre París


Sé que siempre que hable del cine de Woody Allen mi objetividad va a estar más que nunca por los suelos. Mi afición al cine del buen Allan Stewart Koningsberg es, ha sido y será siempre desbordante. Por más que me digan que sus últimas cintas son producto de su apresurado ritmo anual para escribir y dirigir, creo que tanto "Whatever works" como "You will meet a dark tall stranger" retratan muy bien la idea de las ilusiones perdidas, pero ilusiones, al fin y al cabo, que son ejes rectores de ciertas vidas. Coincido con que estas dos películas no son las mejores del director neoyorquino, pero tampoco resultan despreciables.
Pero, ya en tema, caso aparte es su nueva producción: Midnight in Paris, que ciertamente pudiera llamarse algo así como: "El día en que Manhattan conoció la Rosa púrpura del Cairo", por recordar profundamente algunas de las estrategias que Allen usa para dos de sus películas más celebradas, sin restar por eso valor al planteamiento de Midnight in Paris.
De hecho, son muchos otros los factores que recuerdan todas las obsesiones de Allen: el escritor bloqueado, la relación imperfecta, el temor a la muerte, el protagonista en un afán de imitar el estilo de clown neurótico del Allen actor y un largo etcétera.
Pero esta vez, Allen usa todo el conocido entramado para criticar la idea del "pasado ideal" como deseo para el presente y anhelo de un mejor futuro. Allen reconstruye con base en una serie de imaginerías y homenajes aquellos elementos que dan su fama a París, a su vida artística y siempre sublimada. Un relato se interna sutilmente en los territorios de otro y de repente todos se expanden para rendir culto a la ciudad luz.
Pero Midnight in Paris no se queda en un homenaje de postal. Un intensional e intensivo recorrido por los lugares más conocidos de la capital francesa sirve sólo como preámbulo para mostrar, en primer lugar, las diferentes cocepciones del viaje: El mal viajero se queja todo el tiempo, no deja de comparar lo que deja en casa, ansia volver (elemento que Allen usa para criticar al gringo republicano). Por oposición presenta al viajero que absorbe de a pie lo que topa a su paso, que sabe que son sus pasos y no los itinerarios los que construyen la ciudad recién descubierta y, lo más importante, descubre que los habitantes de dicha ciudad, pasados y presentes, son quienes le otorgan su sentido verdadero.
Midnight in Paris es, en fin, no sólo una delcia para los seguidores del cine de Woody Allen, es también un encuentro con ese París de ensueño que muchos hemos deseado o vivido en tantas formas. Una historia simple, pero que es la alegre confirmación de que hay quienes todavía se atreven a pensar que los sueños son territorios de construcción.

Comentarios

  1. Antes que nada quiero aclarar que no odio París, pero odio a los franceses. En el texto de arriba mencionas que el verdadero sentido de una ciudad es otorgado por sus habitantes, pero en eso estoy en desacuerdo. Hace un año conocí a un francés, su nombre es Valentin y desde mi punto de vista era exactamente como un francés tenia que verse, era el estereotipo perfecto de Francia. Nunca tuvimos una conversación de mas de dos minutos pero un día llego a clase borracho y con sombrero, tal vez a sus ojos, exactamente como debía verse un mexicano. Lo que quiero decir es que París, es mas que ese francés con nariz agilucha, es el Museo del Louvre, es el arco del triunfo. Los habitantes SI son un elemento importante que describe una ciudad pero definitivamente no son parte del verdadero sentido.

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